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jueves, 31 de marzo de 2011

2 de marzo de 2011: El Aaiún y el 27 de Febrero

Salimos por la mañana dirección al campamento de el Aaiún con el objetivo de entregarle una carta a una niña de parte de su familia española.

No fue la única carta que entregamos en nuestro periplo. Mucha gente que ha tenido acogido a algún niño en los meses de verano, mediante el programa “Vacaciones en Paz”, ha establecido un vínculo con él y su familia, y cuando este vuelve a su campamento de origen, la familia de española sigue enviándole dinero (cartas) a través de otras personas y cuando pueden viajan al Sahara para ver cómo están.

Tuvimos la gran suerte de que entrando en el campamento nos cruzamos con un coche y cuando nuestro conductor bajó para preguntarle al hombre del otro vehículo si sabía dónde estaba la jaima de esa niña, resultó que justamente era su padre. También iba su madre en el coche, así que nos fuimos juntos al colegio donde estudiaba la pequeña, salió y tras hacerle las preguntas de rigor de dónde había pasado el verano y con quién, le dimos la carta. Elvira se hizo la foto de costumbre para que la familia española sepa que su niña recibe la carta de nuestra mano. Es una forma de garantizar que las cosas han llegado a su destino.

Paramos también en un bar de un amigo de nuestra familia saharaui e intentamos ver, en árabe, noticias sobre las revueltas en Libia.

Foto: Álvaro Sánchez

Después volvimos a Ausserd, ya que la hermana mayor de nuestra familia nos había invitado a comer en su jaima. En el camino de vuelta, si mirabas al horizonte del desierto tenías espejismos; parecía que hubiese, en algunas zonas, grandes lagos que por supuesto no existían. Era la primera vez que veía ese fenómeno con tanta nitidez.

De pronto, en medio del desierto, nos encontramos con un hombre que venía corriendo hacia nosotros, haciéndonos señas con su camiseta que parásemos el coche. Habló con nuestro conductor y le dijo que su coche se había estropeado. Así que le hicimos sitio en el nuestro, montó, y nos dirigimos al lugar donde había dejado su vehículo con su otro compañero, que cuando lo encontramos vimos que estaba intentando arreglarlo. 

Foto: Álvaro Sánchez

Bajamos todos y nuestro conductor (que era el único que sabía de mecánica) se puso manos a la obra con ellos. Poco después apareció otro coche que también paró y del que bajaron dos hombres más.

Foto: Álvaro Sánchez


Foto: Álvaro Sánchez

Llegamos tarde a comer, pero teníamos una excusa plausible, así que la hermana mayor de la familia, que es una bellísima persona pero con mucho caracter, lo entendió.
Comimos mucho, como siempre, y después nos regalaron melfas y otras cosas. Siempre tienen que darnos algo.
Por la tarde salimos hacia el 27 de Febrero, donde está la Unión Nacional de Mujeres Saharauis. En su casa nos esperaba Fatma Medhi, la Secretaria General de la Unión, a la que llevamos un tóner para impresora, ya que lo necesitaban para los preparativos del Congreso de Mujeres que se celebrará del 20 al 24 de abril y al que asistirán mujeres de varios países.

Charlamos un rato con ella y nos habló de su hija. Estudió fuera y pasó muchos años en España. Llegó un momento en que Fatma la reclamó en los campamentos, cosa que a la joven le sentó bastante mal. Pero su madre le explicó que todo lo que había aprendido debía aplicarlo en los campamentos, donde realmente hacía falta. Nos contó que al final su hija lo entendió y ya no estaba enfadada por tener que volver, sino que tenía ganas de hacer algo útil por su pueblo.

Al parecer supone un problema que los jóvenes se vayan de los campamentos, que no quieran volver, porque a pesar de que desde muy pequeños se les inculca el amor y el orgullo por su pueblo, ven que todo sigue igual, año tras año sin llegar a una solución que los libere, y muchos quieren irse antes de seguir viviendo en el desierto. Pierden la esperanza. Pero otros no, vuelven y siguen luchando por mejorar la calidad de vida en los campamentos, trabajan en ellos y esperan que con su esfuerzo algún día cambien las cosas.

Cuando regresamos nuevamente a Ausserd por la noche, nos esperaba una gratísima sorpresa en la jaima: Mohamed Jatri. Es un saharaui comprometido con la causa, luchador, y trabaja ahora en el Ministerio de Información, en una página web de noticias sobre el Sahara y en la radio saharaui.

También vino a cenar el primo de la familia que había estado en Cuba y mantuvimos largas conversaciones sobre muchos temas.

Le contamos a Jatri lo difícil que nos había sido hacer el reportaje sobre el sentir saharaui y él nos explicó que la gente tenía miedo porque en los campamentos hay informadores, saharauis pagados por Marruecos que informan a sus autoridades de todos los movimientos que existen entre los refugiados. Nos dijo que si alguno de ellos veía a algún vecino hablar con nosotros, al día siguiente lo sabrían en Marruecos, y probablemente la familia de esa persona que viviese en territorio ocupado sufriría las consecuencias, además de el que había hablado. De ahí la negativa de todos a decir nada frente a una cámara. Ni que decir tiene que ni siquiera nosotros seríamos bien recibidos en Marruecos tras haber visitado los campamentos. Ni falta que hace.

Hablamos de la responsabilidad española en materia saharaui, de que era muy improbable que se celebrase ese prometido referéndum porque no interesaba a nadie salvo a ellos, y de que el único camino que veían era tomar las armas.

Nos contó que muchos saharauis no se fían del Frente Polisario, que los ven como dirigentes que viven cómodamente en otros países mientras ellos siguen en el desierto o bajo la represión marroquí en la zona ocupada; que no ven que sean contundentes a la hora de condenar los ataques de Marruecos a la población saharaui, y que no sirven de nada sus negociaciones. Que de hecho hay frentes fuera del Polisario que luchan por su cuenta por la independencia.

Nos habló de la postura argelina: para Argelia que existan los campamentos es una fuente de ingresos. Los vuelos al Sahara proporcionan mucho dinero al gobierno porque sus precios son desorbitados, se quedan con mucha de la ayuda que llega, les cobran precios altísimos a los saharauis por un pasaporte… Por eso también han construido carreteras, para que los colaboradores se muevan más cómodamente de un campamento a otro y sigan yendo, por eso les dan el gas y la electricidad gratis; en definitiva, les conviene que sigan ahí, en el desierto, en una zona donde no molestan porque no es rica en nada, pero el solo hecho de existir beneficia al gobierno argelino, del que sospechan que mantiene relaciones y acuerdos con Marruecos para tenerlos asentados en la hamada. Por otro lado, los saharauis van mejorando sus construcciones de adobe recubriéndolas de cemento para hacerlas más duraderas frente a las lluvias y al clima. Y aquí podemos pensar algo que no pinta nada bien: se están convirtiendo, poco a poco, en asentamientos más duraderos, cuando en realidad deberían ser temporales. Sí, llevan ya 35 años, pero la construcción de carreteras y la mejora de las viviendas hace pensar en un futuro mucho más largo en el desierto. Y eso no parece muy alentador. 

Foto: Álvaro Sánchez

Saltamos después al tema de los homosexuales. Nos preguntaron si en España se veían bien este tipo de parejas. Nosotros les dijimos que sí, que podían casarse y adoptar niños (aunque con más dificultades), porque cada vez la gente iba tomando más conciencia de que todo el mundo tiene derecho a compartir su vida con quién quiera y es algo que, aunque poco a poco, está dejando de verse mal o “raro”. Ellos se sorprendieron bastante porque entre los musulmanes no existe esta libertad.

También les contamos que mucha gente vive en pareja sin tener hijos necesariamente, que algunos se casan y deciden seguir los dos solos, que no es tan “obligatorio” como en su cultura tener descendencia. Eso no lo entendían y se reían. ¿Cómo podía ser casarse y no tener hijos? Escapaba a su comprensión. La verdad es que nos reímos mucho con estos temas. ¡Qué diferentes somos!

También hablamos del Corán, de Alá, de Dios… nosotros les preguntamos si una persona muy buena, que hubiese ayudado a todo el mundo, si se moría y no había rezado durante su vida ni creído en nada, si iría o no al cielo. Y nos dijeron que no. Luego les preguntamos si entonces una persona muy mala que hubiese rezado iría al cielo y nos dijeron que sí. Así que les contestamos que no nos parecía justo. Y nos reímos mucho. Al hilo de esto, les preguntamos si entonces veían bien que un terrorista matase a gente en nombre de Alá. Y nos respondieron que una persona que hace eso no es musulmana, que es un terrorista y que por eso no iría al cielo.

Yo les dije que si había Dios que qué pasaba entonces con todos esos fósiles que se habían encontrado y que explicaban la aparición de los seres en la Tierra de una forma diferente a la Biblia o al Corán, y qué pasaba con el Big Bang… si eso no era cierto. Me dijeron que ya había salido la científica, nos reímos, pero al final quedamos en que cada uno creía en lo que quería.

Y así con muchos temas más. En algunos estábamos de acuerdo y en otros, ni por asomo.

Creo que al fin y al cabo me demostraron saber discutir, con humor, mostrando sus puntos de vista tan diferentes a los nuestros de una forma afable, sin enfadarse en ningún momento. Simplemente pertenecemos a culturas diferentes y todos podemos aprender de todos. Es realmente constructivo y agradable mantener charlas con ellos.
Raquel Ruiz.
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miércoles, 30 de marzo de 2011

Os grito a vosotros, ¡IDIOTAS!

Lo siento, supongo que nadie merece que se le insulte de esta forma, pero es que me sigue indignando la pasividad de la gente. Nos conformamos con lo que tenemos porque podríamos estar peor, debemos dar gracias de no tener que buscar comida en los contenedores ni pedir limosna en la calle o en el metro. Sois idiotas.

Muchos países nos han demostrado que no es una utopía, que de verdad el poder lo tiene el pueblo, que podemos cambiar esto, pero no lo hacemos. No hacemos nada. Nos regocijamos en que tenemos un contrato fijo o me han subido el sueldo un 14% con los tiempos que corren, “me puedo dar con un canto en los dientes”. Mientras, cada vez hay más personas en la calle, viviendo de limosnas y comedores sociales. Como decía en otro escrito, a lo mejor están así por comprarse un piso de 300000 euros en lugar de irse a las afueras a vivir por la mitad, pero la culpa es de quien le ha dado ese dinero y eso no me lo va a quitar nadie.

Sois idiotas si os quedáis con el “ojalá no me pase a mí” “virgencita que me quede como estoy” “llegarán los míos y esto resurgirá”… y un huevo de pato viudo señor@s! esto no lo arreglan “los tuyos”. Esto, o lo arreglas tú dando un golpe en la mesa o no lo arregla ni Dios en caso de existir, que obviamente, es para dudarlo.

Todos los viernes hay concentraciones de gente cabreada contra el sistema en tu localidad, el 15 de mayo hay una manifestación en Madrid convocada por ciudadanos, no por partidos políticos. Gente cabreada contra este estado del bienestar de políticos y banqueros. En Grecia, Francia, Inglaterra, Islandia (revolución silenciada por los medios de información) ya han salido a la calle a mostrar su desacuerdo que quien gobierna sus países y el mundo. ¿Por qué no coges a tus padres, a tus hermanos, a los colegas, a la mujer y al niño y vas a manifestarte pacíficamente para que vean que estás cabreado?

El día 22 de mayo, cuando haya que votarles, ¿con qué idea vas a ir en la cabeza? ¿Quieres que esto cambie o simplemente quieres que no ganen los otros para que no se acabe tu bienestar? Buscad en los programas electorales la opción que más os llene, pero no votéis a los mismos de siempre, ni PP, ni PSOE, ni CIU… estos no van a cambiar nada excepto de coche, casa, chofer, escolta, etc etc etc… en cuanto vuestro voto les haga ganar las elecciones ya tendrán asegurada una pensión que tú no llegarás a cotizar en 3 o 4 vidas, plantéatelo así.

Siento ser tan pesado, pero no tengo otro modo de verlo, si les votáis sois idiotas.
Goose.
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martes, 29 de marzo de 2011

A pesar de su mundo... Seamos humanos

No son las carreteras las que hacen el camino, son los pies. 
Tampoco son las piedras las que tropiezan, son nuestros errores lo que nos hace caernos y nuestra voluntad la que transforma el mundo. Y cuesta entenderlo cuando los que nos representan, creen, con todo entusiasmo, que las bombas matan el hambre y no a los hambrientos; llamándonos tontos y en cierta manera, nosotros creyéndolo. 

Pintamos cuando vamos a la escuela un árbol con el tronco marrón y las hojas verdes en lugar de respirar ese árbol y tocar el tronco. Nos enseñan a ser abstractos con lo que vive para convertirnos en abstractos que viven. Desconocemos que la hoja en la que dibujamos ha salido de ese árbol. Cuando nos damos cuenta, ya de mayores, en alguna parte de la Amazonia ha dejado de oler a naturaleza y huele a gasolina de las maquinas que talan. 

Los libros, que son doctrinas sagradas, son estudiados por miles de niños que creen que pensar y debatir es lo que hacen en la televisión los famosos. Conocimiento es saber como participar en un concurso de televisión del tipo Gran Hermano. Pobres de los que tienen 17 años y no saben aún lo que ser en la vida, pobres los que no saben proyectar su futuro. Los que triunfan son los que ganan; pero más pobres son aquellos que no saben fracasar. 

Miremos donde miremos vemos sordos. No escuchamos los gritos de miles de productos que consumimos cuando nos dicen: < Gracias por comprarme, no sirvo para nada>. 
Y eso es un problema, no para el que no sabe lo que es un privilegio, sino para el que cree que los principios se compran de la misma manera. 

Llamamos virtud al ejemplo solidario. Llamemos obligación a lo que es humano, sin aliños de nada. Es gratis. Quizás por ello no interese en una sociedad de consumo que se consume. 

Y hablo de eso ahora, de lo que es, como digo, gratis. Voy a ser optimista por un momento y hablar de esas cosas que sin dinero también SON, a pesar de que un tal San Valentín venda hasta las flechas a precio de oro. 

De la voluntad nace el movimiento de los pies que hacen el camino; de ella también sale el calor que desprende un abrazo. 
De lo humano salen los besos que aunque en algún lugar quieran prohibirlos porque envenenan de amor los corazones vacíos, siguen siendo la firma de quienes se aman y la envidia sana de quienes lo quisieran estar. 

Las ideas no se matan por muchas balas que gaste la industria militar. Los sueños son tan libres que al despertarse hasta marean. Sentarse en una playa y dejar volar la imaginación es una acción poética, que si los gobiernos pudiesen, perseguirían con un caza mosquitos, tremenda falta de lógica, nuestras metas no se venden y por lo tanto no se cazan. 

Sentir el olor de la naturaleza una tarde en el campo o la montaña es saber que estás grabando en la mente un momento inolvidable, por consiguiente, es saber también, que el aire seco acondicionado de un centro comercial está infinitamente más alejado de lo real, que nada. 

Ayudar al que necesita ayuda es más justo que todas las leyes del senado. 
Dar la mano a quien no te la pide, es decir: <aquí estoy por sí me necesitas. No cobro intereses, ni hipotecas.> 

Estas son, algunas de las voluntades libres que quizás deberíamos practicar más. Son más humanas que las que nos enseñan quienes nos representan, son más libres que cualquier cosa que se compre. 
Deben de formar parte de la voluntad que mueve los pies hacia algo mejor, que al fin y al cabo es lo que hace el camino, al cual llegaremos, queriéndolo o no. 
La voluntad de ser mucho más humanos es creer en lo que somos, por encima de cualquier cosa que se compre, adoctrine o limite. Es principio moral que debe construir una sociedad justa y libre. 

Es saber que, 17 músculos forman una sonrisa. Imprescindible acción humana. 

Dani H.
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lunes, 28 de marzo de 2011

La hoja muda


¿Qué dices que puedo encontrar bajo tu blanca desnudez?
Un abanico de notas y una sopa de letras?
Un hatillo de adjetivos y la declaración de tus metas?
Habla más alto, y déjame escuchar ese hilo de voz otra vez.
Saborear el tacto de tu delgada estructura
Navegar tus dobleces por cotas de bajura.

Tu raro mensaje se me escapa de las manos como un pez.
Tu caro secreto en mis entrañas desata
Desazón, y complejas melodías de arpa.
Porqué me privas de tu sabiduría con grave insensatez
Cuando yo solo aspiro a ejecutar tus dictados
Dejando las glorias a quienes para ellas estén dados?

Porqué me castigas –ingrata- enarbolando tu mudez
Sumergiendo mi alma en el río de los condenados,
Los que de ti están más desinformados?
Escuchadme –curiosos- y entre estas dos condenas escoged:
La hoja de esta daga que mis venas antojan
O la soberbia crueldad del papel de esta hoja.
 

Eduardo Prieto.
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domingo, 20 de marzo de 2011

Libia y Japón

Son los dos países que todos tenemos en la cabeza últimamente, los que llenan portadas y portadas de periódicos y los que aparecen continuamente en los noticiarios. Y la red llena con sus nombres artículos de opinión, blogs y páginas de noticias.

Japón, devastado por un terrible terremoto y un tsunami. Pero solo en algunas zonas. Recordemos que es una basta isla y que lógicamente, las partes heridas han sido muy concretas. Pero en Tokio al parecer perdura la calma, solo rota por los medios de comunicación de los países que por ejemplo, integran la Unión Europea. 

Hoy, en las noticias del Telediario vi cómo muchos españoles residentes en Japón aseguraban que allí la situación es de calma, y me pregunto cómo se puede poner en duda la palabra de alguien que está allí, y que por mero instinto huiría si eso no fuese verdad. ¿Cuánta gente está dejando la isla por la presión de los familiares que, aterrorizados por noticias sensacionalistas les llaman llorando y rogando que vuelvan a casa?. 

Las noticias seguían diciendo que la UE, se ve que en un alarde de solidaridad, PROHÍBE la entrada de productos (alimentos) japoneses. No sé vosotros, pero a mí me dan ganas de alimentarme únicamente con productos made in Japan. Y de usar otros que no sean comida. ¿Qué pasa, señores de la UE? ¿Acaso les viene bien que la economía japonesa se hunda, que mengüen sus exportaciones para así tener una pequeña oportunidad de hacer que el mundo trague las suyas?. Me parece una actitud absolutamente deplorable. Ahora es cuando hay que apoyar a Japón, no echarle más mierda de la que por desgracia, les ha caído encima. 

Nuestros países de la UE, nuestra "querida" Merkel y compañía, ahora se preocupan de la energía nuclear. Veamos, no me parece un tipo de energía muy aconsejable, nunca me lo ha parecido, pero no perdamos de vista que la central de Fukushima de Japón ha tenido que soportar un terremoto y un tsunami, que no parecen condiciones “normales”, ¿verdad?. No sé, pero comparados con cualquier país europeo, me parece que Japón es de lo más fiable en progreso y seguridad. Y resulta que ahora nos hacen creer que no es así. Noto un poco de envidia y un poco de “aprovechar la desgracia ajena para hacernos más fuertes”. Cuidado con eso. 

Caso de Libia. Me van a perdonar, pero la defensa del pueblo de Gadafi llega tarde. Me suena a que los pioneros del ataque a su régimen, que ahora son EEUU, Francia y Reino Unido han esperado y mucho a ver cómo iban las cosas antes de ponerse en contra de un dictador con el que hasta ahora había muy buenas relaciones, contratos petroleros mediante. 

Me da mala espina, qué queréis que os diga. No creo que les importe demasiado la población, simplemente que un señor se estaba cargando a su pueblo y había que actuar. Pero veremos cómo queda luego ese país, en manos de quién, qué van a sacar en limpio estos tres países y otros que pidan reparto del pastel. 

No es por nada, pero cuando a cierta gente les dan igual los derechos humanos como no dejan de demostrar continuamente, cuando parece que justamente un país rico en petróleo les preocupa mientras hay otros pueblos que sufren calamidades y estos mismos dirigentes miran para otro lado y no mueven un dedo por pararlo; cuando deciden intervenir en un caso como este, simplemente, en mi cabeza pienso “no me lo creo”. No sé vosotros. Se aceptan opiniones. Como siempre. 

Por mi parte, solo tengo el deseo de que Japón se recupere lo antes posible, que siento muchísimo lo que ha pasado y que espero que realmente podamos apoyarles (sin contar con los de arriba). 

Y respecto a los rebeldes de Libia, espero que terminen con Gadafi y que sobre todo no se dejen engañar por estos salvadores que les han aparecido, pero muy tarde.

Raquel Ruiz.
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1 de marzo de 2011: Smara

Nuestro destino ese día era Smara, donde visitaríamos a Magueli, trabajadora de la Casa de la Mujer de ese campamento, donde imparte charlas sobre salud, higiene y alimentación para las mujeres y sus hijos. Otros temas sobre los que informa son reproducción, control de la natalidad y sexualidad, lo que nos da una idea de la forma de pensar de esta mujer dentro de la cultura musulmana. Magueli estudió en Cuba y se tituló como Técnico Superior de Laboratorio.

Cuando nos disponíamos a desayunar, entraron en la jaima un grupo de españoles que habían ido a ver los actos de conmemoración del 27 de febrero, que todavía no habían terminado. Nos contaron que pertenecían a un sindicato que dedica una parte de sus actividades a ayudar al pueblo saharaui. Hablamos un rato y tras hacerse algunas fotos se fueron.

Un poco más tarde llegó nuestro conductor y nos preparamos para salir hacia Smara, acompañados por una de las hermanas de la familia.

Allí nos encontramos con un desfile al que ya habíamos asistido otros años, dedicado a la cultura saharaui. Se ven jaimas en miniatura, la representación de diferentes profesiones (artesanos, médicos, policías, ejército…)

Foto: Álvaro Sánchez



Foto: Álvaro Sánchez
 
Foto: Álvaro Sánchez


Foto: Álvaro Sánchez




Foto: Álvaro Sánchez

 ... mujeres vestidas de gala de blanco y negro,

Foto: Álvaro Sánchez

... desfiles de camellos,

Foto: Álvaro Sánchez


Foto: Álvaro Sánchez

 ... del Ministerio del Agua y del Medio Ambiente,

Foto: Álvaro Sánchez

Foto: Álvaro Sánchez

Foto: Álvaro Sánchez

Algo que creo que merece mención aparte es el hecho de que la gente no saharaui, nosotros, los occidentales, los blancos, podemos pasar a hacer fotos dentro del desfile. 

Foto: Álvaro Sánchez

Los saharauis no, tienen que mantenerse fuera de las vallas de separación, algo que yo no considero justo.

El desfile es de ellos y ellos son los primeros a los que está dedicado, así que al menos nosotros jamás nos hemos movido de nuestro sitio, por mucho que nos digan que entremos en el desfile, que lo veamos de cerca. Nos quedamos con la gente por la que se hacen, la que les da sentido a los desfiles. Este tipo de diferencias a mí al menos me matan.

Foto: Álvaro Sánchez

Intentamos aprovechar que había una enorme concentración de gente para grabar algo para nuestro documental. Pensamos, erróneamente, que entre tantas personas encontraríamos a alguien que quisiese darnos su opinión sobre la situación del pueblo saharaui. La respuesta que encontramos fue la de siempre: miedo. Se nos acercaban y nos preguntaban de dónde habíamos venido, si habíamos participado en el maratón; pero cuando desviábamos la conversación hacia las preguntas de nuestro reportaje y les decíamos que queríamos llevarnos sus impresiones, nos decían que tenían prisa y se iban. Desesperante.

Tras el desfile y después de pasar muchísimo calor, nos encaminamos a casa de Magueli.

El reencuentro con ella y su gente fue como siempre feliz, nos hizo un té de bienvenida y después nos sirvió, como siempre, un montón de comida. Siempre insisten en que quieren que no pasemos hambre, que comamos como hacemos siempre en nuestra propia casa. Y no entienden que que no comemos, ni de lejos, tanto como ellos nos ponen en la mesa. 


Foto: Álvaro Sánchez
 
Les regalamos varios juguetes a los niños de Magueli y  a ella una caja con más cosas, además de darle algo de dinero.

Durante la comida hablamos de la situación en la Casa de la Mujer, de lo que se estaba haciendo en ella, y de cómo iba cambiando la situación de la mujer saharaui en los campamentos.

Aunque su labor es reconocida por todos, todavía les queda mucho camino por andar para ser conscientes de la igualdad en la que deben vivir, de su valía, y de las posibilidades que puede ofrecerles la vida fuera de la jaima y del cuidado de los hijos.

Hablamos sobre el divorcio, de la dificultad de las mujeres por conseguir la “carta de libertad” que les otorga el marido, de algunos casos concretos que provocan rabia. Mujeres con sus maridos divorciados que no pueden rehacer su vida porque ellos no firman esa carta, mientras ellos ya están casados con otra mujer. Y que además ni siquiera atienden a los hijos que han tenido con la primera. Simplemente desaparecen dejándolas solas y todavía atadas a él. Todavía quedan especimenes de este tipo, por eso es tan importante que la reeducación de la mujer, la defensa de sus derechos y la condena de estas actuaciones por parte de algunos hombres (no todos son así, por suerte, de hecho el pueblo saharaui, dentro de la cultura musulmana es posiblemente el que cuenta con hombres de mente muy abierta, quizás por el estrecho contacto que mantienen con los países occidentales que les brindan ayuda y viajan a los campamentos).

Por otro lado, en la zona ocupada la vida de las mujeres es más difícil, mucho más que en los campamentos. Respecto a sus derechos tienen menos que las marroquíes, por el hecho de ser saharauis; y menos que las que viven en los campamentos, por estar bajo una cultura pobre, en un país donde el Rey Mohamed VI regala ignorancia a su pueblo, como un puro instrumento de control. Pero las cosas están cambiando, lentamente, pero seguras.

Tras la visita a Magueli nos acercamos al lugar donde Nana, otra mujer activista saharaui, tenía una reunión para decidir los premios que se darían en un concurso que se había celebrado. Es otra trabajadora de la Casa de la Mujer de Smara. 

Foto: Álvaro Sánchez

Le dimos una caja con regalos que también le habíamos llevado y nos dijo que si queríamos ir a visitar a su madre, que estaba algo enferma. Fuimos a la jaima de su familia y dejamos allí lo les habíamos llevado.

Tras un día completo en Smara volvimos a Ausserd y pasamos por el pequeño huerto que tiene una hermana de Shalma, la madre de nuestras hermanas. 


Foto: Álvaro Sánchez

El regadío es por goteo, gracias a un depósito de agua que tiene la familia, que también cuenta con un invernadero. 


Foto: Álvaro Sánchez


Foto: Álvaro Sánchez

Pero es difícil cultivar algo en una tierra tan árida, con temperaturas que en verano llegan a los 60 grados, y con la devastadora acción de los sirocos, las tormentas de arena y las lluvias, que aunque muy escasas son capaces de destruir las débiles casas de adobe.

Raquel Ruiz.
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martes, 15 de marzo de 2011

Sahara Marathon

"Has llegado desde lejos por una razón muy importante, para aumentar la visibilidad de las necesidades médicas y nutricionales de los niños del Sahara Occidental.
Ésta es mucho más que una simple competición.
El recorrido establece una conexión simbólica entre tres campos de refugiados, Smara, Aoserd y ElAyoun, y lleva a los corredores a través del desierto que ha sido la casa de los refugiados durante 35 años.
Gracias a tu esfuerzo, has conseguido despertar nuevamente sus esperanzas, porque te has interesado a ellos y ahora saben que no están solos.
Pero, sobre todo, porque has venido y ellos tienen nuevos amigos para toda la vida." 

(Tomado de la web www.saharamarathon.org)
 
El Maratón del Sahara merece una mención especial aparte en este diario, como actividad de ayuda y sensibilización sin fronteras.

Este año, como hace ya nueve, volvió a repetirse en los campamentos de refugiados.
La salida, el día 28 de febrero, tiene lugar en el campamento de El Aaiún y la meta está en el de Smara. El recorrido son algo más de 42 km, pero la carrera puede iniciarse desde otros puntos, como desde Ausserd (nuestro campamento), que supone la mitad del camino; o desde otros lugares, a menor distancia de la meta.

Foto: Álvaro Sánchez

Participan más de veinte países de todos los continentes, y los corredores en su mayoría se alojan, en grupos de 5, en jaimas de familias saharauis.

La organización del maratón traslada a primera hora de la mañana a los corredores a los puntos de salida. 

Foto: Álvaro Sánchez



Debido a que es un maratón por el desierto, hay muchos puntos de avituallamiento repartidos y coches que vigilan el estado de los corredores. Además, la Media Luna Roja dispone de puntos de asistencia médica a lo largo de todo el recorrido. Es indispensable llevar gorra y gafas de sol.

Foto: Álvaro Sánchez

 
Foto: Álvaro Sánchez

Además de una labor de sensibilización, es una labor de ayuda. Todos los corredores pueden aportar medicinas, material escolar, ropa o dinero a las familias que los acogen. Pueden apuntarse al programa, por ejemplo, “Un corredor-un botiquín”. No se aceptan artículos en mal estado. 

Además de medicamentos, lo que más favorece a los campamentos es la aportación de dinero, ya que es lo que hace que tengan su propia economía y que el dinero se mueva de unas familias a otras, por eso se aconseja darles, como mínimo, lo que puedan gastarse en la comida y en el sustento durante los días que acogen a los corredores en sus casas.
El precio de la inscripción es de unos 900 euros, donde se incluye el viaje, el visado, la camiseta de corredor, fotografías…

El dinero que se recauda de esta actividad, entre corredores, particulares e instituciones, se dedica a proyectos como el envío de caravanas con medicamentos, material escolar, material deportivo, etc. 

http://www.saharamarathon.org
Raquel Ruiz.
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miércoles, 9 de marzo de 2011

28 de febrero de 2011: Dajla

Nos despertamos temprano y desayunamos café con pan frito rebozado en huevo que nos prepararon las hermanas, delicioso.

El conductor llegó puntualmente a las 9, y media hora más tarde, acompañados de dos de las hermanas, nos encaminamos a Dajla, el campamento más alejado de Tindouf, a hora y media en coche desde Ausserd.


Durante nuestra estancia con la familia, solo estuvimos con tres de las hermanas, la mayor y otras dos; ya que su madre estaba en territorio ocupado, en la ciudad de Smara, en casa de uno de sus hijos varones, curándose de una afección de la piel para la que el clima del desierto no era muy favorable. La más pequeña estaba en Mauritania, cuidando a su abuela; y otra de ellas, coincidiendo con los festejos del 27 de febrero, se encontraba en Tifariti, en territorio liberado, con unas amigas, celebrando la conmemoración de la proclamación de la R.A.S.D, a la vez que trabajaba de policía.


De todas ellas, solo dos hablan castellano, las dos menores. Por suerte una de ellas sí estuvo estos días, así que la comunicación fue bastante fácil. Además, siempre contamos con el apoyo de los niños, que como casi todos han pasado veranos en España con el programa “Vacaciones en Paz” también conocen nuestro idioma.

Llevábamos menos de dos días en los campamentos y yo ya notaba la nariz y las vías respiratorias llenas de polvo y respiraba bastante mal (todavía ahora las tengo bastante “tupidas”). Me pregunto cómo los refugiados pueden soportar ese ambiente seco, arenoso y polvoriento con el que conviven día a día.


Durante el trayecto en Land Rover, que son los coches que utilizan los saharauis para ir por el desierto, la mayoría donados, una de las hermanas me llevaba totalmente sujeta para evitar que botara demasiado. Así se viaja, bote tras bote, debido a la cantidad de piedras y baches que hay por el desierto hasta llegar a la carretera.

Foto: Álvaro Sánchez

Una vez alcanzada esta, nos encontramos con controles de la policía argelina, ya que las carreteras que conectan los campamentos son del gobierno de Argelia, otro avance cuestionable otorgado a los refugiados. 
 
Foto: Álvaro Sánchez

Llegamos a Dajla, y tras pasar otro control, esta vez del Frente Polisario (a la entrada de los campamentos siempre hay uno, que impide la entrada de intrusos), nos dirigimos a la daira de Yereifia, con destino a su dispensario y guardería. 
 
Foto: Álvaro Sánchez

La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Getafe, en la que estamos nosotros, está hermanada con este campamento, y llevábamos una autorización para este dispensario para que, a la llegada de la caravana de ayuda desde Madrid, pudiesen ir a Rabuni, a la Media Luna Roja, a recoger cuatro cajas de medicamentos.

Atravesando Dajla, un campamento con algo más de vegetación que el resto y donde existen algunos huertos, ya que tiene un nivel freático próximo a la superficie (hace muchos años fue un oasis); encontramos el dispensario con ayuda de nuestro conductor que paraba de vez en cuando para preguntar a los saharauis que encontrábamos a nuestro paso.


Foto: Álvaro Sánchez

El dispensario estaba cerrado y su encargado no estaba, solo el guarda, que nos invitó a té y a pasar a su pequeño puesto de vigilancia, donde comimos lo que habíamos comprado en una tienda a mitad de camino; mientras llegaba alguien a quién pudiésemos entregar la autorización para la recogida de medicinas.

Un par de horas más tarde llegaron dos mujeres, avisadas por el guarda, una de ellas una joven que había pasado algún tiempo en Andalucía y hablaba castellano con acento andaluz. Tengo que decir que los saharauis tienen una gran facilidad para aprender castellano, a pesar de hablar una lengua tan diferente como es el hasaní. Se les entiende perfectamente y algunos utilizan un castellano muy rico, además de que muchos lo han aprendido solos.


Tras firmarnos un recibí de la autorización que nosotros llevaríamos otro día a la Media Luna Roja para que quedase constancia de que deberían entregarles las cuatro cajas de medicinas, y tras entregarles una cantidad de dinero para que alquilasen un coche para ir a Rabuni; les preguntamos si podíamos ver la guardería. 


Foto: Álvaro Sánchez

Desde la Asociación también estaban interesados en saber cómo estaba este servicio, ya que desde el año pasado, por la cancelación del vuelo charter del puente de diciembre, no habían recibido ningún dinero. Pero no había nadie que pudiese atendernos en ese recinto, así que eso no pudimos comprobarlo.

Iniciamos nuestro camino de regreso a Ausserd, con las dos hermanas que nos habían acompañado un poco nerviosas por llegar cuanto antes, ya que no les gustaba la idea de haber dejado a su hermana mayor sola con los niños y a cargo de todo el trabajo de la jaima.


A mitad de camino, tras dormir un rato en el coche, bajo el caliente sol del desierto que agota lo impensable, el conductor paró de repente en un lugar donde había desperdigados varios árboles y matorrales para hacer té.


Llevábamos un rato sentados en la arena, esperando a que se encendiesen los carboncillos cuando apareció otro coche, paró cerca del nuestro y bajó un hombre que parecía amigo de nuestro conductor. Le dio a este un cartón de leche y una bolsa con carne de camello que prepararon en trocitos, y que comimos todos. La carne de camello para ellos es todo un manjar y tengo que decir que aunque es algo dura, tiene un sabor exquisito. Nuestro visitante, después de beber té con nosotros e invitarnos a su carne, se despidió y se fue.

Foto: Álvaro Sánchez

Tras esta parada, retomamos el camino de vuelto a la jaima de nuestra familia. Cuando llegamos, bebimos té, nos prepararon una cena abundante que compartimos con el primo de la familia y hablamos como siempre largo rato. Después nos acostamos, tras arroparnos como siempre una de las hermanas, que nos tapó con un montón de mantas para hacer frente a la fría noche del desierto.
Raquel Ruiz. 
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martes, 8 de marzo de 2011

La mujer saharaui

Coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, en esta entrada hablaré de un grupo de mujeres que conozco profundamente: la mujer saharaui de los campamentos de refugiados en Tindouf.

Para conocer su coraje, valor y dignidad habría que remitirse a los años 75-76 cuando atravesó el desierto huyendo de las bombas de napalm que arrojaban los militares marroquíes sobre ellas.

Esta mujer cruzó el desierto caminando por la noche escondiéndose donde podía por el día (matorrales, montículos de arena…) Algunas con bebés en sus brazos; otras, con varios hijos pequeños.

No todas llegaron a tierra argelina, pero las que lo hicieron, no se arredraron ante las dificultades, y levantaron los campamentos en pleno desierto, en el más seco y cruel del Sahara Argelino: la Hamada, donde el calor supera los 60 grados a la sombra en verano, apenas llueve una vez al año y, a veces, cuando lo hace, arrasa con las endebles construcciones de adobe que levantan. Aún así, en esta tierra, crearon los campamentos de refugiados (cuatro en total), colocaron las jaimas (tiendas de lona), edificaron colegios, centros de salud… Campamentos, donde, a pesar de las dificultades, se dio respuesta a las necesidades más elementales: educación, salud, alimentación, higiene…

Ellas construyeron las primeros colegios. Primero hacían los adobes y después edificaron las aulas.

Ellas fueron (y son) las maestras, las enfermeras, los médicos, las que se ocuparon de toda la organización: del reparto de alimentos, de agua, de la limpieza, de criar cabras para la obtención de carne y leche. De cuidar a sus hijos, a las personas mayores, a los niños que habían quedado huérfanos además de los suyos… Incluso a los camellos, de tal manera, que cuando se levantó el alto el fuego con Marruecos en el año 91 y llegaron los pocos hombres que quedaban vivos, se encontraron con unos campamentos completamente organizados.

Foto: Álvaro Sánchez

Desde entonces, la mujer, es el alma de los campamentos. Ha estudiado diferentes carreras universitarias, la mayoría en Cuba, y tiene un papel relevante en su país, participando en todos los aspectos sociales, políticos y culturales que existen en la actualidad.
 
Foto: Álvaro Sánchez

En cuanto a la mujer saharaui que se quedó en su tierra - ocupada por Marruecos en 1975 - esta vio mermada su participación social.

Consciente de que su propia emancipación sólo podía lograrse con la “Liberación Nacional”, ha tomado parte en numerosas insurrecciones y levantamientos populares contra la ocupación marroquí.

El hecho de que la mujer saharaui tome todas estas posturas tanto en los campamentos de refugiados como en las zonas ocupadas por Marruecos, no es casual. Este papel importante de la mujer, tiene sus raíces en la antigua distribución de actividades de la sociedad nómada tradicional, en la que el hombre se encargaba de la guerra y la mujer quedaba a cargo del "frig" o grupo de jaimas; por eso no es de extrañar que las mujeres tomen a su cargo la organización de la vida social y económica de los campamentos, recuperando así el papel preponderante que ostentaban en la sociedad nómada.

Podría hablar de muchas mujeres, pero destacaré cuatro en concreto, con todo el respeto que merecen todas las demás :

Aminetu Haidar
Mariem Hassan
Fatma el Mehdi
Maima Mahamud

En el próximo capítulo hablaré sobre ellas.
Elvira González.
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lunes, 7 de marzo de 2011

27 de febrero de 2011: Preparando la semana

Tras la llegada a Ausserd en el coche del Protocolo y reencontrarnos con la familia, el día del aniversario de la proclamación de la R.A.S.D, lo primero que hicimos fue buscar a alguien dispuesto a ser contratado, que tuviese coche, para hacernos de guía y llevarnos a los diferentes sitios que teníamos que visitar durante toda la semana.

Nuestra familia nos recomendó a un chico al que conocían, lo llamaron y vino a la jaima para hablar con nosotros. Nos ayudó a entendernos con él un primo de la familia, un saharaui que estudió en Cuba y habla bien castellano, con el acento de la isla.

Le explicamos al chico que sería nuestro conductor que necesitábamos plena disposición durante toda la semana y estuvo de acuerdo. Tras fijar el precio del alquiler de su coche y su servicio como guía, le dijimos que al día siguiente, temprano, necesitábamos ir a Dajla, un campamento que se encuentra alejado de todos los demás más de 100 km y quedamos con él a las 9 de la mañana para que viniese a buscarnos.

Tras esto, vaciamos nuestras bolsas, le entregamos las medicinas a la hermana mayor de la familia, que es farmacéutica, para que dispusiese de ellas; y sacamos toda la ropa de niño, juguetes, material escolar y caramelos que habíamos llevado, además de varias cajas personalizadas para cada miembro de la familia donde habíamos metido varios regalos.

Primero la hermana mayor apartó la ropa que se quedaría para sus hijos y después llamó a otras madres y niños del vecindario, por lo que en un momento la jaima estuvo llena de pequeños probándose ropa.

Foto: Álvaro Sánchez

Foto: Álvaro Sánchez

A los saharauis les encantan los caramelos, así que les dimos algunos y los demás se los quedó la familia, ya que para ellos es costumbre que cuando hay una visita, les obsequien con un dulce, si lo tienen, sobre todo a los niños. A los adultos además, les dan colonia para que se echen, lo que me dejó bastante asombrada, y por supuesto, hacen té.

Durante todo el día, cada cierto tiempo, una de las hermanas encendía los carboncillos para hacer té. Al parecer, además de ser su costumbre, les ayuda a hidratarse y a refrescarse, además de mejorar la circulación cuando hace mucho calor, para lo que también le añaden hierbabuena.

Foto: Álvaro Sánchez

Son tres tés muy dulces, el primero es amargo “como la vida” (el más fuerte), el segundo, con más agua añadida, es dulce “como el amor”, y el tercero, de nuevo rebajado, suave “como la muerte”.

Como digo, tomas té todo el día. Antes del desayuno, durante la comida, por la tarde, antes de la cena, durante la cena… y es importante aceptarlo, aunque no te apetezca en algún momento.

Después de pasar un largo rato en la jaima, fuimos a las tiendas. Son pequeñas construcciones de adobe, llenas de arena, donde se vende comida, ropa, útiles de cocina, pendientes, collares, móviles… Elvira compró con un móvil para llamar a España y a otros campamentos, ya que sale muy, muy barato. Antes no había cobertura, pero me sorprendió ver que tras dos años sin ir, muchas cosas habían cambiado. Ahora por el día puedes hablar por teléfono, antes era imposible; es más, casi todo el mundo usa móvil. Otro de los necesarios pero cuestionables avances concedidos por Argelia.

Foto: Álvaro Sánchez

Aprovechando la visita a la zona de comercio, quisimos comenzar con nuestro reportaje. Desde Thawra (http://saharathawra.org/) nos habían pedido que grabásemos a saharauis de diferentes edades a los que tendríamos que preguntar qué opinaban del desmantelamiento del Campamento Dignidad y qué sentían sobre la situación que vivía el pueblo saharaui, además de hacer la petición que considerasen oportuna tanto al gobierno español como a otras autoridades.

Pero nadie quiso hablar. Preguntamos a hombres mayores y a jóvenes, pero en cuanto les explicábamos de qué iba el reportaje nos decían que tenían prisa y desaparecían, o directamente que no querían ser grabados aunque no apareciese su cara y solo se escuchase su voz. Tienen miedo. Fue imposible obtener ninguna información de la gente de la calle, y de otras personalidades no queríamos hacer el reportaje, porque ya conocemos su discurso.

Por la noche estuvimos con el primo de la familia, el saharaui que había estudiado en Cuba, y nos contó que estaba en el campamento viviendo con su madre, que sufre una parálisis total. La cuida durante todo el día todos los días.

En primero lugar, le contamos uno de los objetivos de nuestro viaje, grabar el pequeño reportaje sobre la situación saharaui y nuestra experiencia en el primer intento de iniciarlo, y él nos dijo que era normal que la gente se escondiese. Nosotros le explicamos que así no podíamos ayudar, no podíamos llevar sus testimonios fuera de los campamentos, a nuestro país, y le preguntamos si él estaba dispuesto a que le grabásemos. Pero también se negó. Nos dijo que fuera de cámara nos contaría lo que quisiésemos, y así fue.

Le preguntamos por el desmantelamiento del campamento Gdeim Izik. Nos aseguró que todo lo que decían los medios “extraoficiales” era verdad, que la represión marroquí fue brutal, que Mohamed VI avisó a los saharauis que si no salían del campamento por las buenas entraría con toda su fuerza, como finalmente hizo. Que en un principio solo reivindicaban derechos sociales, como trabajo, vivienda, sanidad… pero que tras el ataque marroquí se tornó a ideas políticas de independencia. Tras la expulsión de los saharauis, Marruecos envió excavadoras y maquinaria para “tapar” los restos del campamento, para que nadie pudiese ver qué había pasado. Que por eso tampoco se dejó entrar a la prensa, que todo fue de una enorme brutalidad. No sabía el número de saharauis que murieron, pero las noticias que llegaban a los campamentos desde territorio ocupado no eran nada alentadoras.

Nos aseguró que las torturas y encarcelamientos de saharauis fueron reales y nos preguntó por qué nadie hacía nada contra esto. Nosotros le explicamos, aunque él ya lo sabía, las posiciones de los gobiernos, incluido el nuestro, que responden a intereses económicos que anteponen a los mismísimos derechos humanos, y que por ello es muy difícil que se opongan a Marruecos. Que nuestra gente salió a la calle a protestar por la inactividad del gobierno y por la crueldad de Marruecos respecto a los saharauis, pero que poco se puede conseguir así. La única forma de cambiar el rumbo de este pueblo solo pasa por la exigencia a nuestro gobierno de que adopte una postura contundente frente a Mohamed VI. Él nos dijo que lo sabía, que sabía que los españoles apoyaban a los saharauis, pero también ve difícil un cambio en las relaciones de nuestro gobierno con Marruecos.

Tras esto nos preguntó por otros temas. Hablamos de la crisis en España, de la subida de impuestos, del paro, de los problemas que está sufriendo la gente para salir adelante, de que muchos inmigrantes están saliendo del país por no ver futuro…

Nos preguntó por la familia, que si en España la gente se casaba y que si teníamos muchos hijos. Le dijimos que alguna gente no se casa ni tiene hijos, que viven juntos y ya está. Que otros sí se casan y tienen un hijo o dos, pero que ahora la situación no es fácil para tener una familia. Él nos contestó que para los saharauis casarse y tener hijos es importantísimo, primero porque son los que te cuidarán el día de mañana cuando seas viejo, y segundo porque así se perpetúa su pueblo.

Que si un hombre puede mantener a varias mujeres, puede casarse con varias, que el Islam lo permite, pero solo si puede garantizarles a todas la misma vida, sin diferencias ni favoritismos. Pero que eso entre los saharauis es muy raro, ya que no tienen dinero para mantenerlas a todas.

Nos preguntó por el divorcio, que si era fácil, que si estaba bien visto. Le dijimos que sí, que en España mucha gente se divorcia y no pasa nada de cara a la sociedad, que cada vez la situación está más normalizada, y que tanto el hombre como la mujer pueden decidir si quieren divorciarse.

Él nos dijo que allí una mujer tiene que obtener la “carta de libertad” del marido, que si él no se la da, ella no puede volver a casarse ni vivir con otro hombre. El marido sí, él puede divorciarse y casarse con otra sin problemas. Le preguntamos si eso le parecía justo y él nos dijo que su ley decía eso, pero no parecía convencido de su idoneidad.

Tras esta larga conversación él se fue y nosotros nos acostamos. Todos dormimos juntos en la jaima, la familia en el suelo como es su costumbre, y nosotros en colchones de gomaespuma que por el día hacen de sofás, tapados con varias mantas, ya que en el desierto, tras el calor del día, por la noche hace mucho, mucho frío…
Raquel Ruiz. 
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